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Eras mi taza de té; ahora tomo café

Habla mi corazón

Me siento perdida, como si nadie escuchara cuando grito; o mejor dicho, como si todos ignoraran mi pedido de ayuda. Trato de sostener paredes que, si fuera al revés, no me sostendrían a mi en la caída, y me golpearía muy fuerte contra el piso.  Es hablar y que nadie conteste; es como estar rodeada por miles de personas en un boliche con la música tan alta y las luces tan despampanantes que nadie me ve ni me presta atención. Y solamente me queda ir sola caminando al baño, a buscar un poco de silencio. Me miro en el espejo, ya son las 4 am, el maquillaje se corrió y el peinado se desarmó casi por completo. Los zapatos un poco sucios por pisar en cualquier lado, y ya no tengo nada de lápiz labial en la boca.  Solamente quiero volver a mi casa y acostarme a dormir. Despertarme y que sea otro día, que por fin termine la noche y el dolor de los pies por caminar tanto con ese calzado tan alto que me puse. Quiero abrir la ventana y escuchar a los pájaros que cantan otra vez; que sea ...

Trastorno obsesivo compulsivo

La primera vez que la vi, todo en mi cabeza se silenció; todos los tics, las imágenes constantes.. desaparecieron.  Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo, en realidad no tienes momentos callados. Inclusive en la cama, pensando "¿cerré las puertas? SI.", "¿me lavé las manos? SI",  "¿cerré la puerta? SI" .. pero, cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue la curva en la horquilla de sus labios; o la pestaña en su mejilla,  la pestaña en su mejilla . Sabía que debía hablar con ella. La invité a salir (la invité a salir seis veces en treinta segundos), ella dijo que sí después de la tercera; pero ninguna de las veces que pregunté se sintió bien, así que tenía que seguir haciéndolo.  En nuestra primera cita, pasé más tiempo organizando mi comida por colores, de lo que pasé comiéndola, o hablando con ella. Pero le encantó. Le encantaba que tuviera que besarla para despedirme dieciséis veces (o veinticuatro, si era miércoles). Le encantaba que...
La felicidad está al alcance de tu mano (no te olvides de estirarla)
Si se terminó, se terminó.  No arrastres las cosas porque es al pedo y, encima, duele más.

L

Y justo cuando apagué las luces y me tapé hasta la cabeza acostada en la cama, sonó mi celular. Obviamente, eras vos.  Podemos estar meses enteros sin ni siquiera hablarnos ni saber nada el uno del otro, pero siempre de alguna forma y otra, volvés, y en mis peores momentos; siempre lográs con lo más simple sacarme la sonrisa más sincera. Cuando más me duele todo, cuando más lastimada estoy, ahí estás vos para darme la mano y no dejar que me caiga del todo.  A veces quienes más nos quieren y nos conocen están lejos, muy lejos. A veces no los vemos por mucho tiempo, pero hay algo más fuerte que eso, que puede más; una fuerza rara que nos conecta con esas personas a las que necesitamos cuando estamos mal, cuando nos sentimos solos. Y sé que vos sos una de esas personas.  Ahora me arrepiento de haber dicho hace media hora atrás que estaba sola; nunca estamos realmente solos. 

Necesito

Alguien que no tenga la necesidad de perderte, para darse cuenta que te había encontrado.